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La tormenta perfecta

Siguen los baldes de agua fría para Bill de Blasio. Podría decirse que esta es su peor semana desde que asumió como alcalde.

No porque haya hecho algo malo o porque no haya hecho lo suficiente. Sino porque su bandera de campaña, los derechos civiles —causa que lo llevó a la alcaldía—, ha sido pisoteada por una serie de acontecimientos.

El más importante de todos es el caso de Eric Garner, el hombre estrangulado por un policía en Staten Island. El caso sigue al rojo vivo.

El reverendo Al Sharpton está enojado. Los sindicatos de la policía están enojados. La familia de Garner pide que se haga justicia. El joven que grabó el video de Garner, Ramsey Orta, y su esposa, Chrissie Ortiz, ambos fueron arrestados por incidentes aislados.

El caso se ha transformado en un desastre mediático. De Blasio, por su parte, no ha dicho mucho.

Dos informes dados a conocer el lunes sí han dado mucho de qué hablar. El primero tiene que ver con el cuestionado programa “ventanas rotas”, la práctica policial que permite la fiscalización de faltas menores —andar en bicicleta por la acera, orinar en público, beber al aire libre—, para así evitar o desincentivar delitos mayores.

El informe, dado a conocer por el periódico Daily News, arrojó que los más afectados por el programa son negros y latinos. De las 7,3 millones de personas que recibieron multas entre 2001 y 2013, alrededor de un 81% fueron minorías, según cálculos de NYCLU, la agencia de derechos civiles.

Bill Bratton, el nuevo comisionado policial, ha defendido la práctica. De hecho, fue él quien la implementó en 1990, cuando estaba a cargo de la policía de transportes. Después la expandió como comisionado del ex alcalde Rudy Giuliani. De Blasio, por su parte, ha apoyado a Bratton. Y Sharpton, ni tonto ni perezoso, se fue en contra de ambos: quiere organizar una marcha por el puente Verrazano para demostrar su desagrado. (El puente une a Staten Island y Brooklyn.)

El otro informe salió a la luz por medio del fiscal federal de Manhattan, Prett Bharara, cuya agencia investigó el maltrato que sufren jóvenes menores de edad en la cárcel de Rikers Island. La investigación encontró de todo: Uso excesivo de violencia por parte de los guardias; centenares de heridas de mediana y alta gravedad a raíz de peleas y enfrentamientos; uso desmesurado de aislamiento carcelario; y falta de supervisión adecuada y recursos para atender las necesidades de los adolescentes.

Es decir, no hay descanso para de Blasio en lo que respecta a los derechos civiles.

Muchos de los que votaron por él ya lo aplaudieron por cómo manejó el cierre de los casos “stop-and-frisk” y Central Park Five. Pero esos fueron conflictos heredados. Cómo maneje estas nuevas crisis podrían terminar definiendo la era de Blasio.

(Una versión de esta columna fue publicada en la edición impresa y online de El Diario.)

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