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Silencio supremo

Se esperaba que la Corte Suprema de Estados Unidos comenzara su año judicial sin pena ni gloria. Pero lo que ocurrió ayer, en su primer día en sesión, fue caótico e histórico. Tomó por sorpresa a medio mundo.

Sin dar explicaciones y en siete órdenes de una línea cada una, la Corte Suprema rechazó siete casos provenientes de cinco estados en los que pudo haber decidido si la Constitución consagra el derecho de gays y lesbianas a casarse.

En otras palabras, la Corte decidió no meterse al tema del matrimonio gay. No habrá derecho constitucional para aquello. No por ahora.

El anuncio causó confusión en la sala de prensa de la Corte. Debido a problemas comunicacionales, el personal encargado de repartir las órdenes del día omitió 33 páginas de fallos y dictámenes en las que se encontraban las siete líneas clave.

Irónica omisión y quizás la más histórica en los 225 años que tiene la Corte. Ya que el silencio de los jueces en esos siete casos significó que, efectivamente, el matrimonio gay se ha vuelto legal en los conservadores estados de Indiana, Wisconsin, Oklahoma, Virginia y Utah.

En los cinco estados, tribunales menores ya habían fallado a favor del matrimonio entre parejas del mismo sexo. Con el silencio de la Corte, todos esos fallos entran en rigor.

Pero eso no es todo. Con el silencio de la Corte, esos mismos fallos servirán de base legal para que seis estados con fallos pendientes —en Colorado, Kansas, Wyoming, West Virginia y Carolina del Norte y del Sur— también puedan abrir paso al matrimonio gay.

Es decir, sin hacer nada, la Corte Suprema permitió que el número de estados donde parejas del mismo sexo pueden casarse llegue a treinta, más el Distrito de Columbia. Esto significa que el matrimoino gay es legal en la mayoría de los Estados Unidos, cuando hace sólo dos años apenas lo era en seis estados y en la capital.

Este avance estatal del matrimonio gay pudo haber motivado que la Corte no hiciera nada. Procesalmente hablando, la Corte Suprema sólo decide casos donde hay discrepancias en la jurisprudencia. Pero como hasta ahora no ha habido conflictos judiciales sobre el tema, la Corte decidió no inmiscuirse.

Por otro lado está el hecho de que el matrimonio gay aún divide a la opinión pública. Al no ser escogidos por voto popular, los miembros de la Corte Suprema prefieren no tomar posiciones sobre temas que puedan encender las pasiones del electorado. Prefieren que el Estado de derecho —el proceso democrático, la legislación, los tribunales estatales y federales— sea el que decida diferencias de opinión.

Y al no haber diferencias de opinión sobre el matrimonio gay a nivel judicial, la Corte Suprema prefirió guardar silencio.

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